11/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Supermercado. Imagen: Web.
Las góndolas vacías no son una metáfora. Desde la asunción de Javier Milei, el consumo en supermercados de la Ciudad de Buenos Aires se desplomó hasta un 40 por ciento en algunos rubros, dejando al descubierto un escenario de ajuste que golpea de lleno en los hábitos cotidianos. El último informe del partido Integrar, encabezado por Daniel Amoroso, no deja margen para eufemismos: 2025 fue un año atravesado por la volatilidad y la debilidad del consumo, con caídas generalizadas que se profundizaron hacia fin de año.
Diciembre cerró con una contracción interanual del 10,2 por ciento respecto al mismo mes de 2024. No se trata de un tropiezo aislado, sino de la consolidación de una tendencia descendente que atraviesa casi todos los rubros. El agregado de Alimentos y bebidas retrocedió 11,6 por ciento, en un contexto donde el deterioro del poder adquisitivo impacta de forma directa en las decisiones de compra.
El golpe más fuerte se concentró en los sectores más sensibles al ingreso disponible. Bebidas encabezó el derrumbe con una caída del 31,3 por ciento, seguido por Alimentos preparados, que retrocedieron 18,7 por ciento. Indumentaria, calzado y textiles se hundieron 27,8 por ciento, mientras que Electrónicos y artículos para el hogar cayeron 17,5 por ciento. Son los rubros donde el ajuste se vuelve más visible: consumos que se postergan o directamente desaparecen del changuito.
Las excepciones son escasas y no alcanzan a revertir la tendencia. Lácteos registró un leve crecimiento del 3,8 por ciento y Verdulería y frutería un 3,5 por ciento. Dos datos aislados en un mar de números en rojo que no logran compensar la magnitud de las caídas en el resto de los productos.
El informe va más allá del corte interanual y expone una caída aún más profunda cuando se compara con diciembre de 2023. Bebidas se desploma un 41,4 por ciento y Alimentos preparados un 27,1 por ciento respecto de ese período. Ni siquiera tomando como referencia un momento previo al salto inflacionario más agudo, el consumo logra recomponerse.
La dinámica que describe Integrar es la de una economía en tensión permanente: rebotes parciales seguidos de nuevas caídas, sin consolidar una recuperación. Las ventas se mantienen por debajo del nivel de referencia de octubre de 2023, evidenciando que el deterioro no es circunstancial sino estructural.
Dentro de los alimentos, el panorama tampoco ofrece alivio. Los rubros clásicos como Almacén, Panadería y Carnes muestran cierres débiles, sin señales de recuperación sostenida. En términos interanuales, Almacén cae 7,8 por ciento y Carnes 7,3 por ciento. Incluso en los productos esenciales, el ajuste se traduce en menos cantidad o en cambios en la composición de la compra.
Lácteos aparece como el único segmento que logra sostenerse con cierta firmeza, aunque su mejora es limitada frente a un contexto general contractivo. El resto confirma una lógica que se repite: cuando el ingreso no alcanza, el recorte avanza primero sobre lo que puede esperar.
Los rubros no esenciales y durables exhiben la cara más cruda del proceso. Allí las caídas son más profundas y la volatilidad más marcada. El patrón es claro: con ingresos restringidos, el consumo se retrae y se concentra en lo imprescindible, mientras todo lo demás queda fuera del alcance.








