COCA-COLA DEMOLIÓ EL RELATO ECONÓMICO DE MILEI

12/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El CEO de Coca Cola, James Quincey. Imagen: Web.
El relato económico de Javier Milei recibió un golpe demoledor desde el corazón de Wall Street. Mientras el Gobierno celebraba la desaceleración inflacionaria y buscaba instalar la idea de una economía estabilizada, la multinacional The Coca-Cola Company afirmó oficialmente que la Argentina continúa siendo una economía hiperinflacionaria.

La definición no salió de un dirigente opositor ni de un economista crítico. Fue escrita en negro sobre blanco por una de las compañías más grandes del mundo en su presentación oficial de resultados financieros ante inversores internacionales. Y el impacto político y económico fue inmediato.

El documento firmado por la empresa que conduce James Quincey no solo contradice el corazón del discurso libertario, sino que además alimenta una sospecha que empieza a expandirse en el mercado: el esquema cambiario de Luis Caputo podría estar acercándose a un límite peligroso.

“La economía argentina cumple con los criterios para ser considerada una economía hiperinflacionaria”, sostuvo Coca-Cola en su informe. La empresa explicó que la inflación acumulada de los últimos tres años supera ampliamente el 100%, condición que establecen las normas contables internacionales para catalogar un país bajo hiperinflación.

El dato es políticamente explosivo porque destruye uno de los pilares discursivos del Gobierno: la supuesta derrota definitiva de la inflación. Mientras Milei repite que el problema monetario “ya fue resuelto”, una multinacional con presencia global advierte que en Argentina el deterioro del valor del dinero sigue siendo tan grave que obliga a modificar la forma en que se presentan balances y resultados financieros.

La señal fue interpretada por operadores financieros como una advertencia seria sobre la fragilidad del actual esquema económico. Porque detrás de la desaceleración inflacionaria aparece un modelo sostenido artificialmente por recesión profunda, salarios pisados y atraso cambiario.

Y ahí aparece la otra gran preocupación: el dólar.

El informe de Coca-Cola llegó en un momento particularmente sensible, cuando el mercado empieza a mostrar señales de desconfianza sobre la capacidad del Gobierno para sostener el tipo de cambio controlado sin una corrección brusca más adelante.

Aunque el Banco Central continúa comprando reservas y el oficialismo insiste en transmitir calma, los contratos de dólar futuro comenzaron a subir y reflejan expectativas crecientes de devaluación.

La consultora LCG advirtió que, incluso con intervención oficial sobre títulos dólar linked y maniobras para contener expectativas, las tasas implícitas de depreciación volvieron a moverse al alza. Traducido al lenguaje político: el mercado ya empezó a cubrirse frente a un eventual salto cambiario.

Ese cambio de expectativas golpea directamente el corazón financiero del modelo libertario: el carry trade.

La bicicleta financiera funciona mientras el dólar permanezca relativamente quieto y las tasas en pesos permitan ganancias rápidas. El esquema fue clave para evitar una dolarización masiva y sostener cierta calma cambiaria. Pero si crece la percepción de que el dólar puede dispararse, todo el mecanismo empieza a tambalear.

Porque una devaluación fuerte podría pulverizar en pocos días las ganancias acumuladas por quienes apostaron a quedarse en pesos. Y cuando el mercado percibe ese riesgo, los incentivos para seguir alimentando la bicicleta financiera empiezan a evaporarse.

Operadores de la City reconocen que ya se observa un cambio de clima. Todavía no hay una corrida abierta, pero sí una pérdida gradual de confianza en la estabilidad cambiaria artificial construida por el Gobierno.

El problema de fondo es que el modelo económico libertario depende cada vez más de anclas difíciles de sostener políticamente: dólar retrasado, salarios destruidos, caída del consumo y recesión prolongada.

La desaceleración inflacionaria que festeja el oficialismo aparece así menos como el resultado de una transformación estructural y más como consecuencia de una economía paralizada por el ajuste.

Mientras tanto, el desgaste político avanza. Las encuestas muestran caída en la imagen presidencial y aumento del malestar social. Y ahora, además, el Gobierno enfrenta un dato incómodo que llega desde el lugar que más intentaba seducir: los mercados internacionales.

Porque cuando una multinacional del tamaño de Coca-Cola afirma que Argentina sigue en hiperinflación, el problema deja de ser solamente discursivo. Se convierte en una señal de alarma sobre la credibilidad real del programa económico libertario.