CRISIS EN SALTA: Ya no compran carne por kilo y piden “lo que alcance”

19/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La caída del poder adquisitivo sigue golpeando fuerte en Salta y el consumo de carne vacuna se transformó en uno de los reflejos más visibles de la crisis económica. En muchas carnicerías de la provincia, los clientes dejaron de pedir cortes por kilo y ahora compran según el dinero que tienen encima: “Dame cinco mil”, “dame ocho mil” o “dame diez mil pesos” se volvió una escena cada vez más habitual.

La situación fue expuesta por el referente del sector cárnico Dardo Romano, quien reconoció que las ventas vienen atravesando un momento complicado debido a la pérdida de poder de compra y el aumento constante de precios.

Romano explicó que el consumo de carne vacuna cayó de manera sostenida durante los últimos meses, aunque señaló que hubo una leve recuperación en algunas zonas. Sin embargo, advirtió que el panorama sigue siendo delicado para las carnicerías.

“La sensación que queda es que sobran muchas carnicerías para este consumo”, afirmó.

El referente sostuvo que la crisis modificó por completo la manera de comprar de las familias salteñas. Según detalló, ante la suba de precios la gente dejó de elegir cortes caros y comenzó a inclinarse por opciones más económicas, menudencias y carne de cerdo.

Actualmente, entre los cortes más demandados aparecen la carne molida, el blando y el sobaco, mientras que el asado y los cortes premium quedaron relegados por sus altos precios.

Romano explicó que el comportamiento del consumo cambia según el barrio y el poder adquisitivo de cada zona. Mientras algunos sectores todavía mantienen un nivel de compra relativamente estable, en barrios populares el ajuste es cada vez más evidente.

“Hay lugares donde el consumo está dentro de todo normal o tirando a bien, y hay otros donde la gente va a la carnicería a comprar cinco mil, ocho mil o diez mil pesos. No compra por cantidad, compra por la plata que tiene”, señaló.

La situación también afecta directamente a los comerciantes. Romano remarcó que las carnicerías funcionan como negocios de volumen y que, sin ventas suficientes, se vuelve muy difícil sostener costos, personal y funcionamiento diario.

En cuanto a los medios de pago, indicó que las tarjetas representan actualmente hasta el 50% de la facturación en muchos comercios, especialmente a través del débito, reflejando también el creciente uso del dinero bancarizado para intentar sostener el consumo cotidiano.

El empresario explicó además que la exportación de carne beneficia principalmente a frigoríficos grandes de Buenos Aires, que colocan en el exterior cortes de alto valor que en el mercado local tienen menos salida. En Salta, en cambio, la infraestructura frigorífica no permite competir en ese nivel y el negocio continúa dependiendo casi exclusivamente del mercado interno.

Según Romano, esta situación podría derivar hacia fin de año en promociones y ventas de cortes provenientes de saldos de exportación, especialmente asado, debido a que no toda la producción destinada al exterior logra colocarse.

El referente comparó además los precios locales con otros mercados internacionales y señaló que, aunque la carne argentina sigue siendo más barata que en Estados Unidos y Europa, actualmente es más cara que en países vecinos como Brasil y Paraguay.

En medio de este escenario, Romano advirtió que el sector enfrenta además una falta de mano de obra especializada. El oficio de carnicero se convirtió en una actividad cada vez más demandada y desde las carnicerías comenzaron a convocar a jóvenes para iniciarse como ayudantes y aprender el trabajo.

Respecto al futuro inmediato, sostuvo que el precio de la carne se mantiene relativamente estable desde hace un mes y que, con una mayor salida de hacienda y la aparición de retazos de exportación, incluso podría registrarse una baja en algunos cortes durante los próximos meses.

Mientras tanto, en las carnicerías salteñas la postal de la crisis se repite todos los días: familias que ya no preguntan cuánto cuesta el kilo, sino cuánto pueden llevar con el dinero justo que tienen en el bolsillo.