02/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ni Una Menos. Imagen: Web.
Salta vuelve a quedar expuesta por una realidad que golpea de frente al discurso oficial. En apenas tres meses de 2026 ya se registraron tres femicidios, todos cometidos dentro de viviendas y presuntamente perpetrados por parejas o exparejas de las víctimas. Mientras las estadísticas oficiales intentan mostrar una baja en los casos, organizaciones feministas advierten que detrás de los números persisten la impunidad, la falta de prevención y una creciente desprotección estatal.

A once años de la histórica irrupción del movimiento Ni Una Menos, la violencia machista continúa dejando una marca sangrienta en Salta. Lejos de convertirse en una problemática del pasado, los femicidios siguen ocurriendo dentro de los hogares, en silencio, detrás de puertas cerradas y muchas veces después de reiteradas situaciones de violencia que no lograron ser frenadas a tiempo.
Los registros oficiales y los observatorios especializados coinciden en un dato alarmante: durante los primeros meses de 2026 ya fueron asesinadas tres mujeres en contextos de violencia de género. Todas murieron en sus propias viviendas y los principales acusados fueron hombres con quienes mantenían o habían mantenido vínculos afectivos.
La radiografía es contundente. El lugar que debería representar protección terminó convirtiéndose en el escenario de la violencia más extrema. Y los agresores no fueron desconocidos, sino hombres del círculo íntimo de las víctimas.
La situación reaviva un debate que atraviesa a toda la sociedad argentina: ¿qué cambió realmente después de once años de movilizaciones, campañas de concientización y promesas estatales?
Las organizaciones feministas sostienen que el problema no radica únicamente en la cantidad de femicidios registrados, sino también en el progresivo debilitamiento de las políticas públicas destinadas a prevenir la violencia de género.
La preocupación crece además por las denominadas «muertes violentas o dudosas», una categoría que en los últimos años acumula decenas de casos en Salta y que muchas veces queda fuera de las estadísticas oficiales de femicidios. Familiares y organizaciones denuncian que detrás de varios de esos expedientes podrían esconderse crímenes de género que jamás fueron esclarecidos.
La discusión también alcanza a las desapariciones de mujeres y niñas. Mientras el Estado carece de un registro integral y actualizado, relevamientos independientes contabilizan decenas de casos sin resolver en la provincia durante los últimos años.
El panorama se vuelve aún más dramático cuando se observa el impacto social que dejan estos crímenes. Los tres femicidios registrados en 2026 dejaron al menos siete niños y adolescentes sin madre, una consecuencia que rara vez aparece en los informes estadísticos pero que refleja la profundidad del daño provocado por la violencia machista.
A pocos días de una nueva marcha de Ni Una Menos, las cifras vuelven a interpelar a la dirigencia política, al Poder Judicial y a las fuerzas de seguridad. Porque mientras los discursos oficiales hablan de avances, las mujeres siguen siendo asesinadas en sus casas y los reclamos de justicia continúan ocupando las calles.
Once años después del primer grito colectivo, la pregunta sigue siendo incómoda: ¿Cuántas víctimas más harán falta para que la prevención deje de ser una promesa y se convierta en una política efectiva?







