11/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Carta. Imagen: Sin Credito.
Una carta fechada apenas 23 días después del desembarco británico en las Islas Malvinas fue encontrada en el Archivo Histórico de Tucumán. El documento, enviado por el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan Ramón Balcarce, a su par tucumano Alejandro Heredia, deja registrada la posición argentina frente a la ocupación y reclama el reconocimiento de los derechos sobre el archipiélago.
La misiva tiene cuatro páginas y está fechada el 26 de enero de 1833, pocas semanas después de la llegada de la corbeta británica HMS Clio a Puerto Soledad.
El hallazgo fue realizado por investigadores del Archivo Histórico de Tucumán, entre documentos conservados por la institución. Su contenido aporta un testimonio directo sobre la reacción de las autoridades argentinas ante la ocupación británica.
“Una nueva escandalosa agresión”
En la carta, Balcarce describe la ocupación como una acción cometida “en deshonor del Pabellón Argentino” y en perjuicio de los derechos de la República.
El gobernador bonaerense también califica el episodio como una “nueva escandalosa agresión” y expresa su malestar por el hecho de que Gran Bretaña hubiera actuado de esa manera pese a las relaciones diplomáticas y comerciales existentes entre ambos gobiernos.
El documento sostiene que Buenos Aires estaba decidido a defender “los derechos de la República Argentina” y a reclamar ante el Gobierno británico una reparación.
En ese sentido, la carta plantea expresamente la necesidad de obtener “el reconocimiento del derecho sobre las Malvinas y el uso del dominio en aquel territorio”.
El relato de la ocupación de 1833
Balcarce reconstruye los acontecimientos a partir del informe presentado por José María Pinedo, comandante de la goleta argentina Sarandí, que se encontraba en las islas cuando llegó la HMS Clio.
Según el relato incorporado a la carta, el comandante británico John Onslow comunicó que había llegado para tomar posesión de las Malvinas.
Pinedo recibió además la exigencia de arriar el pabellón argentino dentro de 24 horas y permitir el traslado de tropas, oficiales y habitantes que se encontraban en el territorio.
El comandante argentino dejó asentada su protesta y manifestó que su deber no le permitía aceptar aquella pretensión sin recibir órdenes expresas de su Gobierno.
El momento en que fue arriada la bandera argentina
Uno de los pasajes más contundentes del documento describe lo ocurrido el 3 de enero de 1833.
La carta señala que, alrededor de las 9 de la mañana, efectivos británicos desembarcaron en Puerto San Luis en tres botes procedentes de la corbeta Clio.
Según el testimonio incorporado por Balcarce, los británicos izaron el pabellón británico y arriaron el argentino que flameaba en tierra.
El episodio fue presentado por las autoridades argentinas como un “insulto” y una “violación de los respetos debidos a la República y a sus derechos”.
Una protesta argentina registrada pocos días después
El documento también deja constancia de que Pinedo había protestado personalmente ante Onslow antes de retirarse de las islas.
Ante la negativa británica, el comandante argentino dejó a Gran Bretaña como responsable de lo que consideraba una violación de los derechos argentinos.
Finalmente, Balcarce comunicó a Heredia que el Gobierno de Buenos Aires se encontraba decidido a sostener los derechos argentinos sobre las Malvinas y a utilizar las vías que considerara necesarias para reclamar ante Gran Bretaña.
La carta constituye así un documento histórico que registra, a pocos días de la ocupación británica de 1833, la reacción de las autoridades argentinas y su reclamo de soberanía sobre las islas.
El texto completo de la carta
Buenos Aires, enero 26 de 1833. Año 24 de la Libertad y 18 de la Independencia.
Al Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia de Tucumán.
“Si grande ha sido por el Gobierno de Buenos Aires el disgusto que ha tenido con la noticia de la violencia y abuso de la fuerza en las Malvinas, ejecutado por un buque de guerra de S. M. B., en deshonor del Pabellón Argentino, en ofensa de la integridad del territorio de la República, y con agravio de sus derechos, de su justicia, y de la fe debida a las relaciones de amistad y buena inteligencia cultivadas sin interrupción con el Gabinete de San James, no es menos el que tiene al hacer partícipe de él al Señor Gobernador de Tucumán.
El 15 del corriente día fondearon en estas balizas exteriores la goleta de guerra Sarandí, de regreso del Puerto de San Luis de la Soledad en las Malvinas. Su comandante, Don José María Pinedo, ha dado parte de haber regresado antes de recibir órdenes por ello, a causa de que el 2 del corriente se presentó en la Isla de la Soledad la corbeta de guerra de S. M. B. Clio.
El comandante de la corbeta, Mr. Onslow, pasó a bordo de la goleta Sarandí y manifestó que venía a tomar posesión de las Islas Malvinas. Le impuso que debía arriarse el Pabellón Argentino dentro de 24 horas y que debía darse pasaje a la tropa, oficiales y demás habitantes que se hallasen allí.
La sorpresa del comandante Pinedo en aquel acto fue tan natural como inesperada la agresión y violento despacho que la motivó. Sin embargo, después de hechos al comandante Onslow los protestos correspondientes al caso, le manifestó que su deber no le permitía consentir en tan injusta pretensión sin recibir expresas órdenes de su Gobierno.
En vista de la intimación, queriendo resistir a todo trance, encontró dificultades que consideró insuperables y resolvió mandar una comisión que reprodujese a Mr. Onslow las protestas anteriores, y le manifestase que si la fuerza tentaba llevar adelante su proyecto se vería precisado a resistirle. La comisión regresó a bordo de la Sarandí sin haber obtenido hablar con el comandante Onslow.
En la mañana del día 3, a las 6, el comandante Pinedo fue personalmente a bordo de la corbeta Clio y protestó por última vez contra la violencia que intentaba cometer. Onslow le contestó que sus fuerzas eran las que veía y que además esperaba otras por momentos.
Pinedo se retiró haciendo responsable a la Gran Bretaña del insulto y de la violación de los respetos debidos a la República y a sus derechos. Antes de hacerse a la vela prohibió en la isla que se arriara el Pabellón Argentino, encargando el comando al capataz del establecimiento, Don Juan Simón.
A las 9 de la mañana del día 3 desembarcó por la punta del Puerto de San Luis gente de mar y de tierra en tres botes de la corbeta inglesa. Izaron allí el Pabellón Británico y pasaron a arriar el argentino que flameaba en tierra, viniendo enseguida a la Sarandí un oficial con él.
Los hechos transmitidos al Gobierno de Tucumán, conforme al parte oficial dado por el comandante de la goleta Sarandí, acreditan el agravio más chocante de la fuerza y desmienten las protestas amistosas que estaba acostumbrado a recibir de una Nación con la cual se ha esmerado en mantener la mejor inteligencia.
El Gobierno de Buenos Aires se halla en la firme resolución de sostener los derechos de la República Argentina y de promover cuanto la justicia y la prudencia aconsejan, para obtener del Gobierno Británico una digna reparación, el reconocimiento del derecho sobre las Malvinas y el uso del dominio en aquel territorio.”
Dios guarde al Señor Gobernador de Tucumán muchos años.
Juan Ramón Balcarce
Manuel Maza







