24/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Supermercado. Imagen: Web.
La mentira oficial de la supuesta «recuperación económica» quedó desmentida una vez más por la dura realidad de las góndolas. El brutal desplome de los ingresos familiares y la feroz licuación del poder adquisitivo orquestada por el Gobierno de Javier Milei siguen haciendo estragos en los hogares argentinos. Según el último informe de la consultora Scentia, el consumo masivo sufrió una nueva y alarmante contracción interanual del -1,6% durante mayo, consolidando una alarmante tendencia recesiva que ya acumula un derrumbe del -3,0% en los primeros cinco meses del año.

La recesión impuesta desde el Palacio de Hacienda ha obligado a la población a una reconfiguración dramática y desesperada de la canasta básica. El informe revela que el golpe fue demoledor en las grandes cadenas de supermercados, donde el volumen de ventas se hundió un -4,2% interanual. Este dato expone cómo las familias ya no pueden afrontar compras mensuales ni llenar el changuito, viéndose forzadas a volcarse de manera precaria a los autoservicios independientes y comercios de proximidad para realizar compras fraccionadas del día a día, intentando estirar unos pesos que se evaporan antes de mitad de mes.
La radiografía de los rubros más afectados es el reflejo inequívoco de un país empobrecido por el dogmatismo libertario, donde el ajuste ya no recorta «privilegios», sino necesidades biológicas y sanitarias elementales. La categoría de limpieza de ropa y hogar lideró el desplome con una caída catastrófica del -8,2%, seguida por los alimentos perecederos y frescos, que retrocedieron un -6,5%. Incluso los productos destinados al desayuno y la merienda —como lácteos e infusiones para los más chicos— sufrieron un recorte del -5,4%. Los argentinos están dejando de limpiar sus casas y, lo que es más grave, están suprimiendo comidas esenciales ante la mirada indiferente de un Gobierno que festeja el superávit fiscal a costa del hambre del pueblo.
El leve y marginal aumento del 0,9% en el rubro de alimentación general no es un indicador de alivio, sino el síntoma clásico de las peores crisis socioeconómicas: la población se encierra en sus hogares, elimina por completo las salidas, la recreación o la compra de vestimenta, y destina el último resto de sus recursos a la subsistencia mínima de cocinar en casa. Mientras las multinacionales y los sectores concentrados reciben beneficios extraordinarios —como la escandalosa devolución del IVA a las mineras—, la matriz productiva del mercado interno se desangra. El modelo de Milei y Caputo demuestra su verdadera esencia: una transferencia de recursos colosal que vacía los platos de los trabajadores para alimentar la timba financiera.






