EL MODELO NUNCA FUNCIONÓ: La economía no llega al bolsillo y crece el pesimismo

08/10/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei con la motosierra y un modelo que nunca resultó. Imagen: Web.
Un relevamiento privado mostró que las expectativas negativas sobre la economía superaron por primera vez a las positivas durante la gestión de Javier Milei. El 41% cree que el país estará peor en los próximos 12 meses, mientras el optimismo cayó al 38%, con un fuerte deterioro entre jóvenes y hogares de mayores ingresos.

La promesa de que la recuperación de las variables macroeconómicas terminaría llegando al bolsillo empieza a perder fuerza entre los argentinos. Un relevamiento privado mostró que, por primera vez desde el inicio del gobierno de Javier Milei, quienes creen que la situación económica empeorará durante los próximos 12 meses superaron a quienes esperan una mejora.

El dato marca un cambio importante en las expectativas: el 41% anticipa un deterioro de la economía, mientras que apenas el 38% espera una mejora.

La tendencia resulta todavía más significativa porque el pesimismo avanzó incluso entre sectores que durante los primeros años del Gobierno habían mostrado mayores niveles de confianza en el programa económico.

El relevamiento señala que la recuperación de la macroeconomía ya no necesariamente es percibida como una recuperación del bienestar individual.

El optimismo se desplomó

Las expectativas de mejora habían alcanzado un máximo del 52% durante el primer semestre de 2025. Desde entonces comenzaron a retroceder hasta llegar al 38% registrado en el tercer trimestre de 2026.

En sentido contrario, el pesimismo pasó del 20% en 2025 al 41% en septiembre de 2026.

La diferencia marca un giro en la percepción de los hogares: el futuro dejó de funcionar como una promesa suficiente para compensar las dificultades del presente.

El informe sostiene que “el futuro pierde fuerza como organizador del presente”, en un escenario donde cada vez más familias modifican sus hábitos para poder sostener los gastos cotidianos.

El golpe también llega a los sectores que más confiaban

Uno de los datos más llamativos aparece entre los hogares de mayores ingresos.

En ese segmento, las expectativas positivas sobre la economía retrocedieron 24 puntos respecto del tercer trimestre de 2025, una caída considerablemente superior al promedio general.

Entre los jóvenes de 16 a 25 años, el deterioro también fue marcado: la expectativa de que el país mejore cayó 17 puntos en el mismo período.

El cambio resulta significativo porque se trata de dos grupos que habían mostrado niveles elevados de optimismo frente al rumbo económico del Gobierno.

En el caso de los sectores de mayores ingresos, el informe vincula la pérdida de confianza con el deterioro del poder adquisitivo y un escenario menos favorable para invertir y emprender.

Entre los jóvenes, en tanto, aparece otro problema: la promesa de progreso choca con un mercado laboral más precario e incierto.

Salarios que pierden frente a los gastos

El deterioro de las expectativas ocurre mientras los hogares enfrentan una presión creciente sobre sus ingresos.

Según el relevamiento, el poder adquisitivo de los salarios cayó 11 puntos respecto de enero de 2023, mientras que el ingreso disponible de los hogares se redujo 17 puntos.

Al mismo tiempo, el peso de los servicios y el transporte sobre el salario promedio aumentó 11 puntos.

El resultado es una combinación que obliga a las familias a reorganizar permanentemente sus gastos para llegar a fin de mes.

Ya no se trata solamente de consumir menos. Cada vez más hogares cambian de marcas, buscan promociones, modifican los lugares donde compran y combinan distintos canales de venta para encontrar precios más bajos.

Seis de cada diez hogares ajustaron gastos

El relevamiento mostró que 6 de cada 10 hogares modificaron sus hábitos de consumo, resignaron canales tradicionales o cambiaron productos durante el último año.

La estrategia se aleja de la lógica que predominaba durante los períodos de inflación elevada, cuando muchas familias adelantaban compras para evitar futuras subas.

Ahora el comportamiento es diferente: se administra peso por peso.

Supermercados, mayoristas, comercios de barrio y plataformas digitales se combinan en una búsqueda permanente de precios más convenientes.

El consumo masivo continúa mostrando dificultades mientras algunas actividades vinculadas a sectores como el agro y la minería concentran buena parte del crecimiento económico.

El endeudamiento como salvavidas

A la caída del poder adquisitivo se suma otro fenómeno: cada vez más hogares recurren al endeudamiento para sostener gastos cotidianos.

El relevamiento registró un aumento de las obligaciones con tarjetas de crédito, billeteras virtuales, financieras y entidades bancarias.

También aparecen otras formas de deuda menos visibles, como el fiado en comercios de proximidad, alquileres, impuestos, expensas y préstamos de familiares o conocidos.

La expansión de estas estrategias muestra que una parte de los hogares ya no consigue equilibrar ingresos y gastos solamente con su salario.

El escenario termina profundizando una brecha: mientras algunos sectores todavía pueden sostener consumos no esenciales, una mayoría debe recortar gastos cotidianos y buscar nuevas formas de financiamiento.

El dato central del relevamiento es, entonces, el cambio de expectativas. La idea de que la mejora de la economía nacional terminará llegando automáticamente a cada hogar ya no genera el mismo nivel de confianza que durante los primeros meses de la gestión libertaria.

Y mientras el Gobierno sostiene su discurso de recuperación macroeconómica, una parte creciente de la sociedad empieza a preguntarse cuándo esa recuperación se traducirá efectivamente en más ingresos, mayor consumo y una mejora concreta en la calidad de vida.