ESTACIONES DE SERVICIO: Sin faltante, pero sin ventas

29/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Imagen: Prensa Gobierno de la Provincia de Salta.
Mientras el Gobierno insiste con señales de normalización, el termómetro real del bolsillo aparece en los surtidores. En Salta, las estaciones de servicio descartan un escenario de desabastecimiento de gas, pero encienden otra alarma más incómoda: la demanda se desploma y el negocio se enfría al ritmo de una economía que no levanta.

La Cámara de Estaciones de Servicio de Salta, a través de su presidenta Andrea Guraiib, describe un presente atravesado por la incertidumbre. No hay crisis de oferta, pero sí un deterioro sostenido del consumo que golpea directamente la recaudación del sector. La postal es clara: menos autos cargando, menos litros vendidos y una caja que se achica.

“Calma relativa”, dicen desde el sector. Una definición que, en realidad, encubre un escenario frágil. La llegada del invierno agrega tensión: no por la falta de gas en sí, sino por las limitaciones estructurales del sistema. El problema no está en la producción, sino en la infraestructura. Faltan gasoductos, falta capacidad de transporte y, en ese cuello de botella, aparece el riesgo de cortes o restricciones en el suministro.

Pero el dato más contundente no está en el gas, sino en el comportamiento de los consumidores. La crisis económica ya modificó hábitos: los usuarios dejaron de llenar el tanque y migran a combustibles más baratos. La nafta premium pierde terreno frente a la súper, en una señal inequívoca de ajuste cotidiano. Cada carga es una decisión calculada, cada litro cuenta.

A eso se suma un cambio estructural en el mercado: el fin de los precios unificados. Hoy, cada estación tiene libertad para fijar valores, aunque bajo la influencia de las petroleras. El resultado es un esquema más desregulado, donde la competencia convive con la incertidumbre y donde el precio deja de ser una referencia estable para convertirse en una variable más del desorden económico.

El impacto no termina ahí. La caída del poder adquisitivo también se refleja en la forma de pago. Crecen las compras con tarjeta de crédito y billeteras virtuales, muchas veces atadas a promociones o descuentos. El consumo ya no es directo: está mediado por financiamiento, ofertas y estrategias para estirar ingresos cada vez más erosionados.

En ese contexto, el problema de fondo queda expuesto: no hay faltante de gas, pero sí falta de plata. Y en una economía donde la demanda se retrae, el discurso de estabilidad pierde peso frente a la evidencia diaria. Las estaciones no enfrentan una crisis de suministro, sino algo más profundo: una caída del consumo que refleja, sin maquillaje, el deterioro del poder de compra.

El invierno dirá si el sistema energético resiste sin sobresaltos. Pero el mercado ya dio su veredicto: cuando la gente deja de cargar combustible, la crisis dejó de ser una proyección y se convirtió en realidad.