¿HASTA CUÁNDO?

25/04/2026.- Por Cabecita Negra.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La pregunta retumba en la calle, en los jubilados que cuentan monedas, en los trabajadores que ven licuarse sus ingresos y en una sociedad que empieza a mirar con desconfianza a quienes prometieron dinamitar la “Casta” y terminaron, demasiado rápido, convirtiéndose en ella.

El gobierno de Javier Milei llegó con un discurso incendiario contra los privilegios, la corrupción y la vieja política. Pero no tardó nada en convertir ese relato y que todo empezara a resquebrajarse frente a denuncias, escándalos y decisiones que golpean siempre en la misma dirección: hacia abajo.

Mientras se predica austeridad, estallaron los cuestionamientos en áreas sensibles del Estado como la ANDIS, donde organizaciones y sectores afectados denuncian irregularidades, recortes y manejos poco transparentes. La quita de pensiones en discapacidad y el ataque constante para agotar a la gente, para que renuncien a sus derechos. A eso se suma el caso $LIBRA, envuelto en sospechas que avanzan con una lentitud llamativa en los tribunales.

La Justicia, lejos de dar respuestas, parece moverse en cámara lenta. Las demoras del fiscal Eduardo Taiano en la investigación de $LIBRA, el ocultamiento de pruebas reveladas por la Prensa, alimentan la sensación de encubrimiento. Un encubrimiento que no comenzó con esta causa, sino que viene desde antes que Milei fuera presidente, ya que la justicia en Salta nunca dio a conocer el peritaje psicológico del aquel entonces candidato, por la violencia verbal hacia una periodista, causa en la cual Milei fue sentenciado a recibir tratamiento, mismo que por lo visto no dio resultado.

Y en paralelo, el rol de la fiscal Alejandra Mángano, en el caso que involucra a Manuel Adorni por llevar de viaje a su esposa en el avión presidencial y hospedarla en el hotel utilizado por la comitiva argentina para eventos oficiales en Estados Unidos, violando la Ley 25.188 de Ética en la Función Pública establece en su artículo 2 que los funcionarios deben “abstenerse de usar las instalaciones y servicios del Estado para su beneficio particular o para el de sus familiares”, genera más dudas que certezas: su accionar es señalado por críticos como más cercano a una abogada defensora que a una fiscal de la Nación que realice investigación imparcial.

Adorni, ex vocero presidencial, actual jefe de gabinete y figura central del relato libertario, también quedó bajo la lupa por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito. Con pruebas, testimonios y demasiadas sombras en todo su accionar, la justicia no acelera el paso, cosa que con la oposición no hubiera dudado en dar prisión y después preguntar si están en lo correcto o no, con una «doble vara» que nos plantea muchísimas incertidumbres y que hace ver a jueces e integrantes de la justicia como un poder que está podrido en gran parte y que se comporta a piacere del poder de turno.

Sumado a todo ello, dentro de Casa Rosada, Karina Milei tampoco escapa a las sospechas. Versiones sobre supuestos pedidos de retornos o “coimas” en operaciones políticas y económicas y un pedido del 3% en el cual, ni la justicia ni el poder legislativo han hecho absolutamente nada. Ya que tanto Karina Milei, Javier Milei y varios miembros de su gabinete han sido llamados para dar explicaciones en el Congreso, pero han pegado el faltazo en cada una de las oportunidades, con una impunidad absoluta, que confirma todos los supuestos como realidad, en otras palabras: “El que calla, otorga”, donde el silencio o la falta de explicaciones solo profundizan la desconfianza.

Y mientras tanto, el ministro Luis Caputo avanza con nueva deuda, en un déjà vu que la Argentina conoce demasiado bien, ya que repetimos ministro y deuda durante el gobierno de Mauricio Macri, quien merece su propia nota periodística o una enciclopedia de errores, transas gubernamentales y privadas, y mentiras políticas. La promesa de romper con el ciclo de endeudamiento y todo el ajuste y el sacrificio que realizó el pueblo desde que asumió Milei, choca contra una realidad que parece repetir viejas recetas con nuevos y viejos nombres.

Pero si hay una escena que sintetiza el momento es la represión. Jubilados golpeados junto con la Prensa, y una justicia que tuvo que esperar un parte médico para constatar que la vida de Pablo Grillo estuvo en peligro después de recibir un disparo de gas lacrimógeno en la cabeza. Y que uno no sabe si la justicia además de simular ser ciega, sorda y muda, también carece de facultades mentales. Una burla, una tomada de pelo hacia el pueblo, es lo que muestran los hechos por el Poder Judicial, y la Corte.

De ahí hacia abajo, en todos los órdenes de gobierno a lo largo y ancho del país encontramos a muchos funcionarios de La Libertad Avanza vinculados con el narcotráfico, enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, violencia de género, y actitudes que se parecen más a las de la mafia, que a otra cosa, y que no son ni siquiera juzgados, como si toda esta situación fuera normal para la Justicia. Y el pueblo, que sigue ahí, atónito.

La pregunta entonces se impone: ¿HASTA CUÁNDO?

¿Hasta cuándo una sociedad va a tolerar el ajuste sobre los más vulnerables mientras se acumulan denuncias de corrupción, enriquecimiento y uso de los recursos estatales en las alturas del poder?

¿Hasta cuándo se va a sostener un discurso anti-casta cuando los propios empiezan a quedar envueltos en prácticas que recuerdan demasiado a aquello que decían combatir?

¿Hasta cuándo la Justicia va a mirar para otro lado, tomando al pueblo por boludos?

Porque el problema ya no es solo económico. Es político, institucional y, sobre todo, moral.

Y cuando la paciencia social se agota, la historia argentina ya demostró que las respuestas llegan. Siempre llegan.