17/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Caputo este jueves con los directivos de la CAF en Washington. Imagen: Web.3
El endeudamiento avanza a ritmo de urgencia y sin red. Luis Caputo salió a tomar USD 2.000 millones del Banco Mundial, en una maniobra que se suma a los USD 15.000 millones que creció la deuda con el FMI en apenas un año. La escena es conocida, pero ahora se acelera: más deuda para pagar deuda, en una carrera contra vencimientos que no dan tregua.
El objetivo es inmediato y concreto. El próximo 9 de julio, el Gobierno debe afrontar más de USD 4.000 millones entre capital e intereses de Bonares y Globales, la deuda con privados que renegoció Martín Guzmán. Sin reservas suficientes, la señal hacia los mercados es explícita: Argentina va a pagar como sea. La compra de “argendólares” por parte del Tesoro no alcanzó y obligó a escalar la estrategia.
El movimiento no es aislado. Caputo ya consiguió USD 1.000 millones del FMI, ahora sumó otros USD 2.000 millones del Banco Mundial y busca agregar USD 1.000 millones de la CAF. Todo en paralelo a un dato que desnuda la dinámica: solo en 2025, la deuda con el FMI aumentó en USD 15.000 millones.
El telón de fondo deja expuesta otra promesa caída. El swap por USD 20.000 millones anunciado junto al secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quedó en palabras. “Se corrieron Bessent y la Casa Blanca. Queda flagrante que lo del swap por USD 20.000 millones era una pantomima”, deslizó una fuente que participa de la asamblea del Fondo.
Mientras tanto, el mercado ya armó su propia lectura: los fondos de organismos multilaterales podrían ser usados como garantía para conseguir entre USD 8.000 y USD 10.000 millones de bancos de Wall Street. Caputo lo negó este jueves, pero su desmentida no alcanzó para apagar la sospecha. El antecedente pesa: el año pasado intentó una jugada similar tras el anuncio del swap, que incluía un supuesto aporte del JP Morgan por USD 20.000 millones. La operación se cayó cuando Jamie Dimon exigió garantías del Tesoro estadounidense que nunca llegaron.
La falta de dólares es el problema estructural que atraviesa toda la estrategia. Ni la licitación quincenal de instrumentos en moneda extranjera, ni la emisión de deuda corporativa —que desde octubre de 2025 aportó más de USD 8.000 millones—, ni los ingresos del agro lograron consolidar un flujo suficiente para cubrir los compromisos.
Por eso Caputo se movió en Washington. Se reunió con Ajay Banga, presidente del Banco Mundial, en el marco de las reuniones de primavera del FMI y el organismo confirmó el operativo: una garantía de hasta USD 2.000 millones para refinanciar deuda, reducir costos y facilitar inversión privada. En paralelo, Scott Bessent volvió a escena en esos encuentros, pero sin señales concretas de respaldo.
El Banco Central, por su parte, dejó al descubierto el circuito real: los dólares que acumula terminan en manos del Tesoro para pagar deuda externa. No hay acumulación genuina de reservas, sino un mecanismo circular que apenas alcanza para sostener los vencimientos.
El problema no termina ahí. La deuda con organismos multilaterales no mejora la percepción del mercado. Son acreedores privilegiados: cobran primero. En un escenario de crisis, los privados quedan en segundo plano. La experiencia de 2001-2005 sigue vigente: mientras el resto renegociaba, los organismos seguían cobrando.
Las condiciones para volver a los mercados son duras. El riesgo país debería caer a 400 puntos para emitir deuda a una tasa cercana al 9% anual a diez años, con un bono del Tesoro de Estados Unidos rindiendo 4,3%. Incluso en ese escenario, el costo es elevado. Ecuador, por ejemplo, colocó deuda este año a una tasa promedio de 8,975%.
El calendario no da respiro. En 2027, el Tesoro y el Banco Central enfrentarán vencimientos por USD 33.100 millones, entre bonos, Bopreal, compromisos con el FMI, multilaterales y créditos con bancos privados. Sin acceso pleno al mercado voluntario, ese volumen aparece como una amenaza concreta.
Caputo insiste en volver a Wall Street. El intento anterior fracasó. Una emisión que estaba avanzada, con una tasa cercana al 9% y trabajada por el entonces secretario de Finanzas Alejandro Lew, se cayó cuando Javier Milei la frenó en medio de la escalada de la guerra. La decisión provocó la renuncia de Lew y obligó a reiniciar la estrategia.
Mientras tanto, la deuda con el FMI sigue creciendo. Al 11 de abril de 2026 alcanzó los USD 57.250 millones, un 36% más que tras el acuerdo de abril de 2025. En apenas un año, USD 15.000 millones más. Una dinámica que no solo se acelera: se vuelve cada vez más difícil de sostener.







