TARTAGAL: “No se vende y no hay plata”

17/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: “No se vende y no hay plata”, en Tartagal, un comerciante pone en palabras el derrumbe que deja la era Milei. Imagen: Ilustrativa. Web.
El ajuste no es un concepto abstracto en el norte salteño: tiene góndolas vacías, cajas que no suenan y números que no cierran. En Tartagal, Juan Yudi, propietario del supermercado San Jorge, lo dijo sin rodeos y con una crudeza que no admite maquillaje: “fue el peor mes de los últimos veinte años”. Una frase que condensa lo que, para muchos comerciantes, ya no es una mala racha sino un desplome sostenido.

La escena se repite. La economía real, la de barrio, la que mide el pulso en cada ticket, acusa el impacto de la suba de precios, la pérdida del poder adquisitivo y la caída del consumo en la Argentina de Javier Milei. En Salta, lejos de cualquier promesa de rebote, el deterioro se vuelve cada vez más visible.

Yudi no apeló a eufemismos. “Nunca había estado tan mal”, afirmó, mientras describía un panorama donde vender se volvió una excepción y no la regla. Según consignó Informate Salta, el comerciante explicó que uno de los golpes más duros se siente en la carne, un rubro históricamente central en la mesa argentina y que hoy registra una caída marcada en el consumo.

No se vende y no hay plata”, resumió. La frase, repetida como un mantra en distintos puntos del país, en Tartagal adquiere un peso específico: es la constatación directa de un circuito económico que se rompió.

Los números acompañan el diagnóstico. Yudi aseguró que las ventas en su comercio se redujeron aproximadamente a la mitad. La consecuencia es inmediata: ingresos que no alcanzan, gastos que se acumulan y una estructura que empieza a tambalear. “Hoy no alcanza y cuesta pagar los gastos”, dijo, poniendo en palabras el ahogo cotidiano de sostener un negocio en un contexto que no da tregua.

No hay épica en ese testimonio. Hay alarma. Porque cuando un comerciante con dos décadas de experiencia asegura que nunca vio algo igual, lo que está en juego no es solo un balance mensual: es la supervivencia de un entramado económico que, en el interior profundo, empieza a mostrar señales de agotamiento.