22/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Luis Toto Caputo en Casa Rosada. Imagen: LPO/Juan Casas,
Caputo y el milagro de los números: el Gobierno festeja una baja de deuda mientras la Argentina sigue debiendo más dólares
La administración de Javier Milei salió a exhibir una fuerte reducción de la deuda pública, pero detrás del anuncio aparece una polémica operación contable que abrió un nuevo frente de discusión económica. El equipo de Luis Caputo mostró una caída cercana a los 20.000 millones de dólares en el stock de deuda, aunque el movimiento no implicó un pago real a acreedores externos ni una reducción efectiva de compromisos internacionales.
El dato encendió la discusión porque la espectacular baja apareció de un mes para otro en los registros oficiales. Según los informes de la Secretaría de Finanzas, la deuda bruta pasó de 496.676 millones de dólares al cierre de abril a 479.273 millones en mayo. Una diferencia de 17.403 millones de dólares que, a simple vista, parecía una señal de fortaleza financiera.
Pero la letra chica reveló otra historia.
La operación central estuvo vinculada con las llamadas Letras Intransferibles que el Tesoro tenía en poder del Banco Central. Son títulos emitidos por el propio Estado que durante años funcionaron como una herramienta para financiar necesidades fiscales utilizando reservas de la autoridad monetaria.
El Gobierno decidió cancelar parte de esos instrumentos mediante una maniobra interna: el Banco Central registró utilidades, transfirió fondos al Tesoro y luego esos recursos fueron utilizados para recomprar las propias Letras que estaban dentro del balance del organismo monetario.
En términos simples, el Estado se pagó una deuda a sí mismo.
La administración libertaria sostiene que la operación permitió limpiar el balance del Banco Central y avanzar hacia un sistema financiero más ordenado. Desde esa mirada, reducir pasivos internos era una condición necesaria para fortalecer la institución y avanzar en sus objetivos económicos.
Sin embargo, sus críticos cuestionan la forma en que se presentó el resultado. Señalan que la operación no redujo deuda con acreedores privados, bancos internacionales ni organismos multilaterales. Tampoco significó que ingresaran dólares frescos al país o que se cancelaran obligaciones externas.
El debate está justamente allí: una deuda dentro del Estado no tiene las mismas características que una deuda con terceros.
Un bono en manos de un fondo de inversión extranjero, una obligación con el Fondo Monetario Internacional o un préstamo de un organismo internacional requieren dólares reales, renegociaciones o nuevas condiciones financieras. Una Letra Intransferible dentro del propio Estado puede modificarse mediante decisiones contables y administrativas.
Por eso la oposición económica sostiene que el Gobierno consiguió una mejora en la fotografía del balance, pero no necesariamente en la película completa del endeudamiento argentino.
La controversia también apunta al rol del Banco Central. Economistas críticos del oficialismo advierten que la operación profundiza la dependencia entre la autoridad monetaria y el Tesoro, dos organismos que deberían mantener una separación más clara para garantizar independencia financiera.
El Gobierno, en cambio, defiende que la estrategia apunta justamente a terminar con los mecanismos que durante años mezclaron las cuentas del Banco Central con las necesidades fiscales.
Mientras la discusión técnica continúa, los números generales muestran otro escenario que genera preocupación. La deuda externa bruta total de la Argentina aumentó durante los últimos años y alcanzó niveles récord medidos en dólares. Según datos oficiales, el endeudamiento externo creció significativamente durante la gestión de Milei, impulsado principalmente por obligaciones del Estado nacional y compromisos con organismos internacionales.
Allí aparece la contradicción que alimenta la pelea política: mientras el Gobierno celebra una baja millonaria de la deuda pública en sus informes internos, otros indicadores muestran que la deuda externa con acreedores reales continúa siendo un problema central para la economía argentina.
El oficialismo asegura que está ordenando una herencia financiera complicada y que cada decisión busca recuperar estabilidad. Sus críticos responden que los números pueden mejorar en los balances mientras las obligaciones reales siguen creciendo.
La batalla ahora no es solamente económica. Es también una disputa por el relato. Para la Casa Rosada, la reducción de deuda representa una señal de saneamiento y disciplina fiscal. Para sus detractores, es una operación de maquillaje contable destinada a mostrar una realidad más favorable de la que existe.
La pregunta que queda abierta es si la Argentina realmente redujo su deuda o simplemente cambió de lugar una parte del problema.








