29/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Salta establece un marco para el manejo sustentable de la fibra de vicuña con media sanción legislativa. Imagen: Prensa Gobierno de la Provincia de Salta.
Con media sanción en la Cámara de Diputados de Salta, la provincia dio un paso clave para ordenar un recurso tan valioso como sensible: la fibra de vicuña. El proyecto, impulsado por el Ejecutivo, busca establecer reglas claras para combinar conservación ambiental con desarrollo productivo en la Puna, un equilibrio que históricamente fue frágil.
La iniciativa no surge en el vacío. Responde a un dato concreto: la población de vicuñas creció de manera sostenida en los últimos años, lo que abre la puerta a su aprovechamiento económico, pero también exige controles estrictos para evitar retrocesos. En ese marco, el Ministerio de Producción y Minería defendió en comisiones un esquema regulado que intenta evitar el clásico dilema entre explotar o preservar.
Funcionarios como Diego Dorigato y Alejandro Aldazábal expusieron los fundamentos técnicos de una ley que mantiene la prohibición de caza, pero habilita la esquila controlada mediante el chaku, un método tradicional que permite obtener la fibra sin sacrificar al animal. El mensaje es claro: aprovechar sí, depredar no.
La fibra de vicuña —la más fina del mundo— es un activo estratégico. Su valor en el mercado internacional la convierte en una oportunidad concreta para las economías regionales, especialmente en zonas postergadas de la Puna. Pero ese potencial también implica riesgos: sin regulación, el negocio puede derivar en sobreexplotación o en circuitos informales.
Por eso, el proyecto introduce un marco más rígido, con estándares alineados a criterios internacionales y mecanismos de control estatal. La idea es evitar que el crecimiento del sector derive en prácticas desordenadas o en beneficios concentrados fuera del territorio. La apuesta oficial es clara: que el valor agregado quede en origen y fortalezca a las comunidades locales.
El enfoque busca mostrar un “triple impacto”: ambiental, al proteger la especie; económico, al generar ingresos; y sociocultural, al revalorizar prácticas ancestrales. Sin embargo, detrás de ese equilibrio teórico hay un desafío concreto: garantizar que la regulación se cumpla en el terreno y no quede en letra muerta.
Ahora, el proyecto pasará al Senado, donde se definirá si este esquema se convierte en ley. En juego no solo está la protección de una especie emblemática, sino también la posibilidad de construir un modelo productivo que no repita viejos errores: explotar recursos sin control hasta agotarlos.
En Salta, la discusión sobre la vicuña expone algo más profundo: cómo transformar riqueza natural en desarrollo real sin hipotecar el futuro. Una ecuación que, esta vez, busca resolverse antes de que sea demasiado tarde.







