24/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada:
La supuesta pax social que el Gobierno de Javier Milei intenta vender en sus círculos financieros se resquebraja de manera irreversible por el subsuelo del movimiento obrero. El brutal desplome de los salarios, la entrega de los derechos históricos a través de la reforma laboral y la asfixia cotidiana que sufren los trabajadores han dinamitado la paciencia de las bases. En las vísperas de una reunión clave de la mesa chica de la Confederación General del Trabajo (CGT), gremios de enorme peso estratégico como los gastronómicos (UTHGRA), los colectiveros de la UTA y los maquinistas de trenes de La Fraternidad salieron a romper la inercia de la cúpula sindical exigiendo de forma unificada la convocatoria inmediata a un paro nacional de 36 horas con movilización.
La presión interna contra la conducción cegetista expone el profundo malestar con una estrategia de «guerra de guerrillas light» y protestas sectoriales escalonadas que la central obrera pretende estirar en el tiempo. Para los sectores más combativos, que ahora se nuclean junto al impulso de Camioneros y Aceiteros, la actual conducción está siendo inadmisiblemente tolerante y «blanda» frente a un Poder Ejecutivo que avanza a paso firme en el desmantelamiento del Estado y la precarización laboral. La demanda de una medida de fuerza drástica se ampara en el ejemplo reciente de la comunidad universitaria, demostrando que la única vía efectiva para torcerle el brazo al dogmatismo libertario de la Casa Rosada es la resistencia y la demostración de fuerza en el espacio público.
El mapa de la resistencia gremial sumó una cumbre de urgencia en la sede de los gastronómicos comandados por Luis Barrionuevo, con la presencia activa de referentes de peso como Omar Maturano (La Fraternidad) y Roberto Fernández (UTA). Este reagrupamiento busca arrastrar al Consejo Directivo de la CGT a abandonar la pasividad de los escritorios. Los dirigentes denuncian que las consecuencias del ajuste ya son intolerables para el transporte y los servicios, y que la devaluación encubierta junto a los tarifazos salvajes volvieron obsoletas las paritarias licuadas que pretende homologar el Palacio de Hacienda.
Las críticas hacia la cúpula de la CGT apuntan también al fracaso político que significó haber dejado pasar la reforma laboral que destruye la indemnización y precariza el empleo formal. Desde el sindicalismo de base se advierte con claridad: mientras el Gobierno utiliza el aparato estatal y las amenazas de descuentos para disciplinar las asambleas, la respuesta de la clase trabajadora debe ser un paro general contundente que paralice el país por un día y medio. Con un modelo económico que solo genera desocupación, hambre y entrega de soberanía, los trabajadores organizados vuelven a marcar que la única herramienta legítima que queda para defender la dignidad nacional es ganar las calles y ponerle un freno definitivo al plan de miseria planificada de Milei.






