18/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Comedor comunitario. Imagen: Web.
Mientras el Gobierno exhibe con orgullo la desaceleración de la inflación y destaca que los precios de los alimentos muestran una relativa estabilidad, en los barrios populares del Conurbano bonaerense se vive una realidad muy distinta, mucho más cruda y dolorosa.
Porque detrás de los números oficiales y de los discursos sobre la recuperación económica aparece una verdad imposible de ocultar: millones de familias están dejando de comer bien porque el dinero simplemente no alcanza.
El último relevamiento realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) encendió todas las alarmas. El estudio revela que el 77% de los hogares consultados tuvo que resignar alimentos esenciales por falta de ingresos, mientras que la mayoría de las familias enfrenta un estrés económico permanente para llegar a fin de mes.
La inflación desacelera, sí. Pero el hambre sigue avanzando.
La paradoja que golpea a los sectores populares
Durante mayo los precios de los alimentos aumentaron menos que en meses anteriores. Sobre el papel, la noticia parece positiva. Sin embargo, para quienes viven contando monedas cada día, la situación está lejos de mejorar. La razón es simple: los salarios, jubilaciones y programas sociales continúan perdiendo contra el costo de vida acumulado durante los últimos años. Por eso, aunque los aumentos sean menores, la capacidad de compra sigue deteriorándose.
El resultado es devastador. Cada vez más familias deben elegir entre pagar una deuda, afrontar servicios básicos o comprar alimentos. Y muchas veces la comida termina siendo la variable de ajuste.
Comer tres veces al día ya no está garantizado
Los números del informe son demoledores. El 66% de los hogares reconoció haber eliminado al menos una comida diaria por motivos económicos. No se trata de un cambio de hábitos ni de una decisión personal. Es una consecuencia directa de la falta de recursos. Miles de familias dejaron de consumir leche, carne, frutas, verduras y otros productos fundamentales para una alimentación saludable. Lo que antes era una compra habitual hoy se transformó en un lujo. En numerosos hogares la preocupación ya no pasa por elegir qué comer. La pregunta es mucho más angustiante:¿Alcanzará para comer mañana?
La crisis ya no distingue entre trabajadores y desocupados
Uno de los datos más preocupantes del relevamiento es que la inseguridad alimentaria dejó de afectar exclusivamente a los sectores más vulnerables.
Hoy alcanza también a trabajadores registrados, empleados públicos, jubilados y familias que tienen ingresos pero que igualmente no logran cubrir sus necesidades básicas.
La imagen del trabajador que cumple horarios, cobra un sueldo y aun así no puede alimentar correctamente a su familia dejó de ser una excepción para convertirse en una realidad cada vez más frecuente.
Los alimentos básicos siguen aumentando por encima del promedio
Aunque mayo mostró una desaceleración general, muchos productos esenciales continúan acumulando fuertes incrementos.
La leche aumentó un 25% en lo que va del año.
El azúcar subió 16,67%.
El pan registró un incremento del 15,38%.
Las lentejas también acumularon una suba del 15,38%.
Y en el rubro verdulería la situación resulta igual de preocupante.
La cebolla aumentó 40%.
La acelga trepó 30%.
La papa también subió 30%.
Las manzanas registraron un incremento del 16,67%.
Son precisamente los productos que integran la alimentación cotidiana de millones de argentinos.
La carne, cada vez más lejos de la mesa familiar
La situación tampoco mejora en las carnicerías.
Según el informe, el promedio de aumento del rubro carnes ya alcanza el 22% en lo que va de 2026.
Pero los cortes más consumidos por los sectores populares tuvieron incrementos todavía mayores.
El espinazo subió 32,7%.
La paleta aumentó 29,9%.
El hígado se encareció 25%.
La carnaza también registró una suba del 25%.
Lo paradójico es que incluso los cortes históricamente considerados económicos comienzan a quedar fuera del alcance de muchas familias.
El endeudamiento se convirtió en una trampa
Otro fenómeno que crece silenciosamente es el endeudamiento doméstico. Cada vez más hogares recurren a tarjetas de crédito, préstamos personales, financiamiento informal o compras fiadas para sostener gastos corrientes. El problema es que esas deudas terminan consumiendo una porción creciente de los ingresos mensuales. Y cuando llega el momento de ajustar gastos, nuevamente la alimentación aparece como una de las primeras víctimas.
La rueda se vuelve cada vez más difícil de romper. Se pide dinero para llegar a fin de mes. Después se destina parte del sueldo a pagar esa deuda. Y queda menos dinero para comprar comida.
El dato más alarmante: el hambre crece aunque la inflación baja
Tal vez la principal conclusión del informe sea también la más preocupante. La desaceleración de los precios, por sí sola, no está resolviendo el problema de fondo. El 86% de las familias asegura vivir bajo una presión económica constante. El 77% dejó de consumir alimentos esenciales. Dos de cada tres hogares eliminó al menos una comida diaria. Son cifras que muestran que la crisis ya no se mide únicamente en índices económicos. Se mide en platos vacíos. Se mide en chicos que consumen menos leche. Se mide en familias que reemplazan carne por alimentos de menor calidad nutricional. Se mide en jubilados que deben elegir entre medicamentos y comida.
Mientras los indicadores celebran una inflación más baja, en los barrios populares la sensación es otra. Porque cuando el ingreso no alcanza para llenar la heladera, los porcentajes pierden importancia. Y la verdadera discusión deja de ser cuánto aumentan los precios para transformarse en una pregunta mucho más urgente: ¿Cuántos argentinos pueden hoy alimentarse de manera digna?







