18/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El jefe de Seguridad de Nordelta, Ariel De Vincentis. Imagen: Captura de video. Instagram.
La causa Andis suma un nuevo capítulo explosivo. La Justicia federal decidió enviar a juicio oral al jefe de Seguridad de Nordelta, Ariel De Vincentis, acusado de haber entorpecido un procedimiento judicial que tenía como objetivo obtener información clave sobre Jonathan Kovalivker, uno de los empresarios vinculados a la investigación por presuntas irregularidades millonarias en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis).
La decisión judicial pone bajo los reflectores a uno de los responsables de la seguridad del exclusivo complejo residencial y abre un interrogante inquietante: ¿su accionar permitió que Kovalivker escapara antes de que la Policía pudiera cumplir la orden judicial?
La noche que desató las sospechas
Todo ocurrió el 21 de agosto de 2025.
Aquella noche, efectivos policiales llegaron al barrio privado La Isla, en Nordelta, para cumplir una orden dispuesta por la Justicia Federal.
El objetivo era recabar documentación e información vinculada a Jonathan Kovalivker, uno de los propietarios de la droguería Suizo Argentina, una firma mencionada en la causa que investiga presuntos sobreprecios, retornos ilegales y maniobras de corrupción relacionadas con contrataciones para personas con discapacidad.
Lo que parecía un procedimiento rutinario rápidamente se convirtió en una situación sospechosa.
Llamados insistentes y órdenes que encendieron las alarmas
Según la reconstrucción judicial, apenas los efectivos llegaron a la garita de ingreso comenzaron a producirse llamados telefónicos constantes desde Ariel De Vincentis hacia los empleados de seguridad.
Los investigadores sostienen que el jefe de Seguridad intentó obtener información sobre el procedimiento y que continuó comunicándose con los vigiladores incluso después de que la Policía les ordenara no atender.
Para los magistrados, esas conductas no fueron casuales.
Por el contrario, consideran que existieron maniobras orientadas a dificultar el desarrollo normal de la diligencia judicial.
Los mensajes que complicaron al acusado
La situación se agravó cuando los investigadores recuperaron mensajes de WhatsApp atribuidos a De Vincentis.
En esas conversaciones, según consta en la causa, el responsable de seguridad habría dado instrucciones explícitas a sus subordinados para limitar cualquier colaboración con el operativo.
Algunas de las expresiones incorporadas al expediente fueron interpretadas como una clara resistencia a facilitar el trabajo de los efectivos judiciales.
Esos mensajes terminaron convirtiéndose en una de las piezas centrales de la acusación.
La misteriosa llamada al 911
Otro episodio que despertó sospechas fue una denuncia telefónica realizada al servicio de emergencias.
Desde una línea vinculada a la administración de Nordelta se alertó sobre la presencia de supuestos «falsos policías» dentro del complejo.
La llamada provocó la llegada de efectivos bonaerenses.
Sin embargo, al verificar la documentación y constatar que el procedimiento era completamente legal, los agentes se retiraron.
Para los investigadores, aquella maniobra también pudo haber contribuido a generar demoras.
Mientras tanto, Kovalivker desaparecía
El dato más delicado de toda la investigación es que mientras se desarrollaban esas comunicaciones, llamados y movimientos internos, Jonathan Kovalivker logró abandonar el barrio privado a bordo de un vehículo Audi S3.
Cuando los efectivos finalmente pudieron avanzar, el empresario ya no estaba.
Ese hecho se convirtió en el núcleo de la acusación.
La Justicia deberá determinar ahora si las acciones atribuidas a De Vincentis tuvieron relación directa con la salida de Kovalivker y si existió una intención deliberada de favorecer su evasión.
Los delitos que deberá enfrentar
El jefe de Seguridad de Nordelta llega al juicio acusado de:
Desobediencia a la autoridad.
Estorbo de acto funcional.
Encubrimiento.
La acusación sostiene que existieron conductas concretas destinadas a obstaculizar la actuación de la Justicia y generar ventajas para una persona bajo investigación.
La defensa rechaza todas las acusaciones
Desde el entorno de De Vincentis niegan categóricamente cualquier irregularidad.
Afirman que el acusado simplemente cumplió con sus funciones dentro del barrio privado y sostienen que nunca avisó a Kovalivker ni participó de maniobra alguna destinada a retrasar el procedimiento.
También argumentan que era habitual que continuara atendiendo cuestiones laborales incluso durante períodos de licencia debido a la responsabilidad de su cargo.
Según la defensa, no existe prueba directa que demuestre una coordinación con el empresario investigado.
La sombra de la causa Andis
Todo este expediente deriva de la investigación principal que sacude a la Agencia Nacional de Discapacidad.
La causa analiza presuntas maniobras de corrupción, contrataciones irregulares y movimientos millonarios que involucran a funcionarios, empresarios y proveedores vinculados al sistema de prestaciones para personas con discapacidad.
En ese entramado aparece mencionada la droguería Suizo Argentina, cuyos propietarios continúan bajo investigación.
Aunque Jonathan Kovalivker y otros integrantes de su familia siguen imputados, hasta el momento no forman parte de los procesamientos principales dictados en la causa.
Un juicio que puede revelar mucho más
La elevación a juicio oral marca un punto de inflexión.
Ya no se trata solamente de sospechas o hipótesis investigativas.
Ahora será un tribunal quien deberá establecer si el jefe de Seguridad de uno de los barrios privados más exclusivos del país actuó para proteger a un empresario investigado por la Justicia o si, como sostiene su defensa, todo fue una interpretación equivocada de hechos que tenían otra explicación.
Lo cierto es que la imagen de un operativo judicial frustrado, una serie de llamados insistentes, mensajes comprometedores y un empresario que logró abandonar el lugar justo a tiempo forman una combinación explosiva que promete seguir generando repercusiones durante los próximos meses.







