18/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Manuel Adorni. Imagen: Web.
Fueron horas de tensión extrema, llamados desesperados, negociaciones de último minuto y maniobras políticas a contrarreloj. El Gobierno de Javier Milei logró evitar, al menos por ahora, una sesión en el Senado que amenazaba con transformarse en un verdadero juicio político a cielo abierto contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuya situación política atraviesa uno de los momentos más delicados desde el inicio de la gestión libertaria.
La suspensión de la sesión prevista para este jueves no fue una victoria cómoda ni una demostración de fortaleza. Por el contrario, dejó al descubierto algo que ya se comenta sin disimulos en los pasillos del poder: cada vez cuesta más sostener a un funcionario cuya continuidad genera desgaste incluso entre quienes hasta hace poco lo defendían.
Una orden directa de Milei y Karina
La decisión de frenar la sesión surgió desde lo más alto del poder. Según trascendió, fueron Javier Milei y Karina Milei quienes ordenaron desplegar un operativo político urgente para impedir que la oposición avanzara con una ofensiva que podía terminar en una interpelación formal y abrir la puerta a una futura moción de censura contra Adorni.
La preocupación en la Casa Rosada era total. El oficialismo temía que la sesión se transformara en una exhibición pública de cuestionamientos, acusaciones y pases de factura que dejaran aún más debilitado al funcionario. Por eso se activó una maquinaria política que trabajó durante más de diez horas seguidas intentando evitar el escenario más temido.
Patricia Bullrich y Diego Santilli, los bomberos del oficialismo
La tarea de apagar el incendio quedó en manos de dos figuras clave: Patricia Bullrich y Diego Santilli. Ambos encabezaron una frenética ronda de negociaciones con legisladores, aliados parlamentarios y gobernadores para reunir los apoyos necesarios que permitieran desactivar la convocatoria.
Las conversaciones se extendieron durante toda la jornada. Hubo reuniones reservadas, llamados permanentes y contactos con dirigentes de distintas provincias. El objetivo era uno solo: ganar tiempo. Y finalmente lo consiguieron. Pero el resultado dejó una sensación amarga dentro del oficialismo.
Una victoria que se parece demasiado a una derrota
Aunque el Gobierno logró postergar la discusión, nadie en la Casa Rosada se anima a festejar demasiado. Porque la realidad es evidente. Adorni no salió fortalecido. Apenas consiguió una semana más de oxígeno político.
La nueva fecha límite quedó fijada para el próximo 25 de junio, cuando el Senado volverá a debatir la posibilidad de avanzar con mecanismos institucionales que podrían complicar seriamente al jefe de Gabinete. En otras palabras, el problema no desapareció. Simplemente fue pateado unos días hacia adelante.
Las críticas ya llegan desde los aliados
Lo más preocupante para el oficialismo no es la presión de la oposición. Es el creciente malestar dentro de los espacios que hasta ahora funcionaron como socios parlamentarios. Dirigentes del PRO y de la UCR comenzaron a expresar públicamente lo que muchos ya comentaban en privado. Cada vez son más los sectores que consideran insostenible la permanencia de Adorni dentro del Gobierno.
Las declaraciones de dirigentes aliados encendieron todas las alarmas. Algunos incluso sostienen que el funcionario no debería continuar ni un día más en su cargo. Ese nivel de cuestionamiento resulta especialmente grave porque proviene de espacios que fueron fundamentales para sostener la gobernabilidad libertaria en el Congreso.
Gobernadores bajo presión
La estrategia oficialista también incluyó una intensa ofensiva sobre los gobernadores. Durante los últimos días, funcionarios nacionales mantuvieron contactos permanentes con mandatarios provinciales para intentar evitar que acompañaran cualquier iniciativa destinada a avanzar contra el jefe de Gabinete. Los teléfonos no dejaron de sonar. Las conversaciones se multiplicaron. La presión política fue constante. El objetivo era impedir que la oposición reuniera el volumen necesario para avanzar con medidas más agresivas.
Un problema que ya nadie puede ocultar
La situación expone una realidad incómoda para el Gobierno. Mientras Javier Milei y Karina Milei continúan defendiendo públicamente a Adorni, dentro de la estructura oficialista comienza a crecer el cansancio por el costo político que implica sostenerlo. Lo que hace algunos meses parecía impensado hoy se discute abiertamente.
La figura del jefe de Gabinete se convirtió en un foco permanente de conflicto que obliga al Ejecutivo a consumir tiempo, energía y capital político para contener una crisis que no encuentra solución definitiva.
Una semana para cambiar el destino
La suspensión de la sesión apenas compró tiempo. Nada más. Dentro de siete días el escenario volverá a abrirse y el oficialismo deberá iniciar nuevamente una ronda de negociaciones para evitar una derrota parlamentaria. Por eso, puertas adentro del Gobierno, existe una certeza compartida.
La batalla de este jueves se ganó. Pero la guerra por la supervivencia política de Manuel Adorni está lejos de terminar.
Y mientras los aliados comienzan a tomar distancia, la oposición afila sus estrategias y el Senado vuelve a preparar la embestida, la pregunta que recorre los despachos oficiales es cada vez más incómoda:
¿Hasta cuándo estarán dispuestos Javier y Karina Milei a seguir pagando el costo político de sostener a un funcionario que cada día parece más aislado?
Javier y Karina Milei tienen en claro una sola cosa: «Si Adorni cae, después siguen ellos»







