21/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
17 modelos climáticos proyectan un 82% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte desde octubre. El escenario anticipa tormentas severas, lluvias intensas, desbordes e inundaciones, con impacto especialmente fuerte en el Litoral y otras regiones productivas.
Argentina se prepara para un escenario climático que podría complicar seriamente a productores y poblaciones de distintas regiones. Según 17 modelos de simulación climática, existe un 82% de probabilidad de que El Niño pase a una categoría “muy fuerte” o “Súper Niño” a partir de octubre.
El fenómeno podría mantenerse durante los próximos meses y sus efectos extenderse hasta la primavera de 2027. El escenario previsto incluye mayor frecuencia de tormentas severas, lluvias intensas en períodos cortos, granizo, tornados, crecidas de ríos e inundaciones prolongadas.
¿Qué puede provocar el Súper Niño?
La mayor preocupación está puesta en la cantidad de agua que podría concentrarse en períodos muy breves. Cuando el suelo y los sistemas de drenaje no logran absorber esos volúmenes, aumenta la escorrentía y el riesgo de inundaciones tanto en áreas rurales como urbanas.
Las regiones que aparecen entre las más expuestas son el Litoral, el noreste argentino, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y el norte de Buenos Aires. También podrían registrarse consecuencias importantes en Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
Para el sector agropecuario, el fenómeno presenta una situación contradictoria. La abundancia de precipitaciones puede favorecer inicialmente a cultivos como trigo y cebada, y posteriormente a soja y maíz, pero el exceso de agua también puede generar pérdidas y dificultades operativas.
El campo, entre la lluvia y el riesgo de pérdidas
Uno de los principales problemas será la reducción de las llamadas ventanas de trabajo. Con lotes permanentemente húmedos, el ingreso de maquinaria puede volverse complicado y aumentar el riesgo de retrasos en las tareas agrícolas.
El exceso de humedad también puede favorecer la aparición de hongos y otros patógenos. En las zonas que sufran inundaciones prolongadas, el impacto podría alcanzar especialmente a la ganadería, los cítricos, los frutales y los cultivos hortícolas.
La situación requiere además atención sobre la infraestructura hídrica y los sistemas de alerta. Ante un fenómeno que no puede evitarse, el objetivo pasa por reducir sus consecuencias y anticipar la respuesta.
La preocupación por la respuesta del Estado
El escenario climático también abrió una discusión política sobre la capacidad de los distintos niveles del Estado para enfrentar una emergencia. El debate se concentra especialmente en las obras hidráulicas, los sistemas de prevención y los recursos disponibles para responder ante inundaciones.
En la Provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof presentó el 28 de agosto un plan de contingencia valuado en $2,3 billones para afrontar posibles inundaciones. Durante ese anuncio, cuestionó al Gobierno nacional y sostuvo que la Nación retiene $293.000 millones del Fondo Hídrico, destinados —según su planteo— a prevención y obras hidráulicas.
Estas acusaciones corresponden al gobernador bonaerense y forman parte de una disputa entre Nación y provincias por el financiamiento de infraestructura.
Reclamos por fondos y obras hidráulicas
Desde otras jurisdicciones también surgieron cuestionamientos por la disponibilidad de recursos para prevenir inundaciones. La Pampa, por ejemplo, reclama transferencias correspondientes al Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica y mayores recursos mediante los Aportes del Tesoro Nacional (ATN).
El fondo hídrico se financia mediante un porcentaje aplicado al impuesto sobre los combustibles líquidos. Las provincias sostienen que esos recursos son necesarios para ejecutar obras destinadas a reducir el impacto de las inundaciones.
Mientras tanto, algunas jurisdicciones comenzaron a reforzar sus propios mecanismos de prevención. Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires avanzaron con estructuras locales de emergencia, tareas sobre cuencas y centros de monitoreo.
El desafío: anticiparse a las inundaciones
La magnitud definitiva del fenómeno todavía dependerá de su evolución durante los próximos meses. Sin embargo, las proyecciones climáticas ya plantean la necesidad de reforzar alertas tempranas, monitoreo, infraestructura y coordinación entre Nación, provincias y municipios.
Para los productores, la clave estará en anticipar decisiones frente a posibles excesos hídricos. Para las ciudades y localidades ubicadas en zonas vulnerables, el desafío será contar con protocolos capaces de responder rápidamente ante tormentas severas y crecidas.
El escenario proyectado no permite eliminar el riesgo climático, pero sí abre una ventana para preparar medidas de prevención antes de que lleguen los meses de mayor impacto.






